miércoles, 15 de octubre de 2008

Caraluna

El niño la mira, mira.
La niña la está mirando.

El viento refresca cual aliento suspirante. El rocío depositado en el pasto acaricia a quien lo visita a esta hora. Y quien lo visita suspira cual viento refrescante.

Oh luna, luna, luna. La muy floja se durmió temprano anoche y quiere compensarlo. Su cara se ilumina de verlos. Conoce su amor, sobre todo su amor por el Creador, y el amor del Creador por ellos. ¿Cómo no iba a saludarlos con tal entusiasmo? cuando uno de sus principales propósitos es ser una gran y hermosa muestra de Su amor por él y por ella.

Ay Luna, luna, luna. De verte se queda pensando, de sentir en la noche fresca tu abrazo. De verte el universo se expande y su ser se hace pequeño. El viento no debía soplar, y no sopló. El pasto no debía de susurrar, y no susurró. El grillo no debía cantar, y no cantó. Sus mentes de niños, sus corazones gigantes, Su amor infinito, y la luna brillando. Ésa hora en la que el tiempo es estático o, más bien, eterno.

La niña la mira, mira.
El niño la está mirando.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un momento mágico rami(:
ahora esta escrito en otro
lugar, no solo en nuestros
corazones..