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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Iba a alguna fiesta, y ya se habían ido todos menos yo. Fui a un lugar antes, y en el camino hacia un tercer lugar íbamos en un vehículo extraño, antiguo pero bien cuidado, con el capote abajo. Había de nuestro lado derecho muchas cajas de plástico rojas. Éstas cajas servían para medir el coeficiente intelectual de los niños. Una señora joven a bordo de mí vehículo probaba a una niña, y era demasiado exigente con ella.

Finalmente me dice B. que tenía la camiseta al revés, creo que la de misiones celeste, ya deslavada por el uso. También en mi camiseta había una imagen, la de un pato donald, pero desfigurado, con un ojo más grande que otro, visco y el pico demasiado puntiagudo. La camiseta en sí no estaba al revés, sino que la manga del lago izquierdo, desde el hombro estaba mal heche y apuntaba hacia afuera, tenía una física y anatómicamente (la traía puesta) imposible difícil de describir. Pense en regresarme solo y cambiarme, pero me pareció inútil la opción.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Íbanos en una autobus camino a un lugar recreativo, un rancho, quinta, terreno o algo que se le pareciera. Finalmente después de mucho camino, llegamos a uno que estaba dentro de la ciudad de la que inicialmente partimos. En el trayecto, A.D.L.M. pidió saber a dónde íbamos y si ya habíamos llegado, incluso ya que nos bajamos a un hermoso lugar rodeado de montañas nevadas y pasto verde. De alguna manera tuvimos la iniciativa de jugarle una broma que consistía en hacerle creer que no habíamos llegado, y el tenía que llamar a su casa, su casa de colinas (inexistente en la realidad) por medio de una operadora, hasta que logró recordar el número y tuvimos que confesar que estuvimos en nuestro destino todo el tiempo. Cuestioné la ausencia de su hermano pero supuse, y a la vez lo hicieron los demás, que estaba con su novia.

Habiendo estado poco tiempo dentro de aquel lugar , tomé un rifle y me dirigí hacia una de las montañas. Lograba ver todo el talud e incluso los juegos, casas y palapas que consistían el área recreativa del lugar. Estuve un rato esperando, con poca esperanza, hasta que vi cruzar un oso hormiguero, blanco y café, a paso despreocupado. Me detuvo la idea de que un tiro desviado fuera a parar en la mencionada área recreativa. Más tarde cruzó un alce grande, también blanco y con un cuerno. Pero volteó la cabeza y viéndolo bien, si tenía ambos cuernos bien formados y monumentales. Dudé si disparar también, se me había dicho que sólo lo hiciera ante un ejemplar que lo valiera. De inmediato vi un venado también con la cornamenta monumental, de inmediato supe que ese sí valía la pena. Me dispuse a disparar, pero no recuerdo porqué no lo hice. Pero ya había cargado, y entonces tuve problemas con la acción del rifle y al querer ponerle seguro inglés no pude hacerlo.

Apareció mi tío L. y lo primero que hizo fue intentar ayudarme con la acción. El también batalló con ella. La balas eran gruesas y huecas, totalmente huecas y con orificios en la cabeza en forma de líneas. Algo así como una cruza entre un gallito y un mini torpedo, pero de metal de cobre. La cosa es que estaban atoradas y después de batallar un rato, (cosa para la cual yo me refugié detrás de una pared con el miedo de que el rifle fallara y se disparara) las balas cedieron y ayudé a sacarlas una por una. Quedó otra vez cargado el rifle y otra vez me puse a espiar un tiempo más.

Corríamos por una carretera a gran velocidad, saliendo del rancho,. El vehículo era tal que iba N. en una moto arrastrándome a mi, probablemente en algo parecido a una cuatrimoto, por medio de un hilo. Yo no sabía como regresar, pero N. sí, y A.C. también, quien iba en otro carro pero se nos perdió a la mitad del camino. Cada vez agarrábamos más velocidad y las curvas estaban más pronunciadas y había cada vez más agua. N. hacía trompos en cada una de ellas, de igual manera dando cada vez más vueltas y yo brincando cada vez más, manteniéndome estable de alguna forma. En la última hasta juntamos un buen número de expectadores, pues nos detuvimos antes de cruzarla (por el peligro que suponía) y detuvimos el tráfico de la carretera, juntando algunas motos y muchos carros. N. advirtió el peligro, dejando claro que nunca había hecho eso, para después finalmente hacerlo exitosamente.

También en algún punto, dejé yo tirada en mi cuarto de baño una bata de laboratorio que no me pertenece y una camiseta conmemorativa blanca en el suelo, así como mi pantalón para meterme a bañar. La cosa es que cuando intento hacerlo resulta que todo el cuarto se está inundando, mojando mi pantalón y la bata, los cuales pensaba usar hoy. Cierro el paso de agua y busco la causa del problema. El pretil de la regadera está bien, pero raro, y después de varios análisis logro darme cuenta que hay una pronunciada perturbación en el piso, una bola o pequeña lomita se formaba en el piso, como si alguien de abajo hubiera intentado salir y se hubiera encontrado con el material, o si la tierra hubiera tenido una burbuja. Ambas explicaciones y muchas más corrieron por mi cabeza, pero no encontré ninguna que me satisficiera.

Buscaba también cortarme el pelo. Era domingo (sorprendentemente apegado a la realidad) y fui a una plaza que ahora reconozco como la 401. Estaba repleta de gente como era de esperarse en tal día de la semana y mucho más grande y larga de lo acostumbrado. Caminaba a paso veloz durante algún tiempo, preocupado por mi manera de verme, por la bufanda blanca sobre la que traía otra bufanda de colores más opacos. Llegué finalmente a una peluquería, con precios de ensueño (duh!) y una aparente familiaridad con los dueños y empleados del lugar. Habló conmigo un hombre afeminado sobre lo que iba a hacerme en el pelo pero algo le faltaba y fue a conseguirlo, en lo que yo dejé mis cosas, que eran muchas y de extraña procedencia (incluyendo cojines y ropa) en una esquina. Me recosté sobre la silla de piel sobre la que me encontraba, poniendo las piernas sobre el respaldo y mi cabeza en el asiento. Oía a una mujer hablar sobre la contabilidad del local con otro hombre que simplemente estaba sentado. Y ya.

domingo, 31 de julio de 2011

Estaba en un lugar abierto, no sé si una quinta o un patio. Fumaba, cuando por error el cigarro me quemó la punta de un dedo de la mano izquierda. Fue un dolor insoportable, más de lo normal. Tardé en quitarme la ceniza ardiente del dedo y cuando por fin lo logré, faltaba casi la totalidad del miembro. Aparté la mirada, y cuando lo volví a ver, había un pequeño vástago, bifurcado en el extremo y rosa por ser carne nueva. Momentos después, donde había un dedo se encontraban cuatro deformes con sus respectivos bífidos extremos. D. lo notó y poniendo su mano en mi boca clamó al cielo una liberación. Y mis dedos eran cinco y normales otra vez.

martes, 12 de octubre de 2010

Traumas a posteriori

Acompañaba a un amigo o compañero (no estoy seguro) a un viaje de placer o de negocios (tampoco lo sé). Íbamos hacia el sur del país y en una carretera desolada, de esas de un solo carril en cada dirección y nada más que desierto alrededor. Nuestro carro no era nuevo, y paramos de pronto, creo que se me hizo normal al pensar que pudo haber una falla mecánica. Nos bajamos del vehículo y llegó otro, una pick up blanca, descuidada.

Entonces estaba yo en cunclillas, un tipo con sombrero a mi derecha y otro tipo con sombrero enfrente (también en cunclillas), y el dueño del vehículo en el que antes viajaba con las manos levantadas y un arma pesada apuntándole. En mis manos había una ametralladora grande y pesada y apuntaba al primero y luego al segundo, gritos fueron y vinieron a una velocidad impresionante:

- ¡Que suelte el arma!
- ¡Suéltala! - Me dijo la única voz familiar
- ¡Me está apuntando! ¡Que la suelte ya!
- ¡Se está parando! - Alcancé oír gritar al de mi derecha

Y lo siguiente que supe fue que me estaban atacando y ráfagas de balas silbaban a mi alrededor. Empecé a regresar el fuego lo más pronto que pude pero me di cuenta que fue demasiado tarde cuando mi hombro/pecho izquierdo detuvo la trayectoria de cuatro proyectiles pesados y calientes.

Me impulsé hacia atrás del carro y recargué mi herido ser en la terrosa llanta buscando un momento de alivio para mi agitada respiración. Quise regresar al combate pero mi cuerpo no me dejó, y el fútil intento solo provocó que me encontrara acostado, tosiendo y débil. Pude escuchar una negociación entre mi acompañando y mis asesinos: al parecer habían perdido interés en mi.

- ¿Qué tan herido estaré? - Me pregunté

También reflexioné momentáneamente sobre lo interesante que era que en ese último momento me encontrara solo con mi ser, y que incómodo era platicar conmigo mismo después de tanto tiempo de no hacerlo. Recordé que con mi experiencia como cazador podría saber la magnitud del peligro que corría de partir de éste mundo con un simple vistazo a la sangre había derramado.

Hasta ese momento no había podido entender porqué Homero llamaba a la sangre "negra", si siempre se ha sabido que es roja. Pues mis dudas fueron resueltas, tragué saliva al ver el charco de líquido gelatinoso, semi-cuajado, casi palpitante, de fuerte olor, que se encontraba debajo de mi. Había una pequeñas gotas violentamente rojas que llameaban en tonalidades de rojo más oscuro, algo de tierra y negro, un negro que hizo que mi alma cayera hasta mis pies.

Intenté reincorporarme una y otra vez, pero no lograba más que emitir unos leves quejidos que muy apenas yo podía oír. Me estaba dando por vencido, con mi vista fija en el horizonte vertical, cuando escuché el accionar de la llave de la camioneta y las llantas rechazar el pavimento, hasta que el ruido del motor desapareció en un eco sordo a lo lejos. Luego el silencio.

Y luego los cascos de un caballo que se acercaba hacia mi cuerpo y lo que quedaba de mi alma en él. Quizá mis asesinos no se habían olvidado de mi. Con un nuevo deseo de vivir logré levantar la cabeza apoyando lo que pude de mi cuerpo contra la llanta, para cuando llegó sobre un marrón equino un hombre gordo, asombrerado y bigotudo que no tardó en pararse, apuntar entre mis ojos y tronarla. Y sin mirar a su objetivo, partió sin decir nada, ignorante de que la bala pudo detenerla una placa que puse entre su jeta y mi cara.

Entonces me encontraba, moribundo y desahuciado, sobre el carro de mi amigo (o a quien acompañaba), buscando un lugar donde pudieran alejar a la muerte, un hospital, pero ¿cómo? ¡si yo no tengo seguro!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Fiesta

Estábanos en casa de alguien, en una noche de tragos, música y gritos. Recibo una llamada y le cuento a D. de la situación para hoy: "Estamos en casa del de la casa,de ahí nos pasamos al otro lugar, no sólo R. y yo, si no todos los que estamos aquí, y después regresamos a seguirle otra vez". Me está contestando y diciendo algo sobre que va en su camioneta cuando de pronto cuelgo porque ya se están marchando todos. Sigo a la turba apresurada, para entonces detenerme al ver sobre una mesa, redonda, de madera clara, una hoja tamaño carta con un mensaje a lápiz y letra de molde casi perfecta. Y entonces comprendo que la razón de la prisa no es la urgencia de seguir de fiesta, si no la narco-amenaza ahí expresada.

sábado, 7 de agosto de 2010

Lavadora

Primero estaba en un salón cuadrado, D., D., E. y A. no habían llegado, era un problema porque ellos tenían temas que exponer. Consulto con N. que es lo que procede varias veces, y finalmente por la puerta entreabierta se asoman D. y D. y me dan autorización de empezar con sus partes. El área que tenía de movimiento estaba limitada por mesa-bancos grises modernos en un espacio rectangular que abarcaba tres cuartas partes de la pared a la que yo daba la espalda. Empiezo a hablar desde la introducción del tema y en algún punto N. me voltea a ver severamente y luego señala su reloj. Me apresuro en mi hablar y en cierto momento de mi exposición F. y dos personas más están distraídas escribiendo en un papel, que al acercarme entre la gente me doy cuenta que es una tarea de matemáticas. Para cuando me doy cuenta, ya todo el salón está distraído y haciendo un ruido ensordecedor (Sobretodo L., que se encontraba a la mano izquierda de quien se parara a exponer). Me enfurezco más de lo que debería con F. y le empiezo a gritar, ante mi sorpresa ella empieza a sollozar y luego a llorar dramáticamente. Le pregunté el motivo mientras le secaba las lágrimas con mis dedos y lloró aún más diciendo que tenía muchas dudas, que ya no sabía de que religión era, que no confiaba en ningún sacerdote para confesarse. La consuelo en lo que puedo y me comprometo a encontrarle uno bueno. Termino mi exposición y entonces N. me dice que en vez de dos horas, toda la cosa duró tan sólo treinta y cinco minutos, me puse a repasar con él los puntos que faltaron y salimos a la calle, donde el tomó una ruta y yo otra.

Luego me encontraba yo en una cena familiar, en un comedor dentro de una cocina, con tíos, abuelos y hermanas, pero no con mis padres. De pronto una tía abuela o algo similar (cuyo nombre por cierto no conozco, y probablemente no exista) se dedica enardecidamente a criticar ciertos aspectos de mis padres y a atacarlos e insultarlos. Después de aguantar dos o tres pedradas, exploté y le grité claramente: "cállese ya por favor". Sólo me fui y me senté en la esquina, en un mesa-banco. De pronto estaba en una clase y había que sacar cierta libreta, así que empecé a buscar entre mi mochila y el pequeño estante debajo de la silla que sirve para apilar libros y libretas. Había muchas libretas, muchas de ellas muy usadas y maltratadas, así que abrí una tras otra buscando encontrar la que se me pedía. Pero entonces ya estaba otra vez en la cocina, todavía en el mesa-banco. Me paro y alado de mí había un lava-trastes, que creo que no tenía relevancia. Llega mi abuela conmigo y me invita a entregarle algo de ropa porque iba a lavar, (entonces caí en la cuenta de que llevaba más de un día en ese lugar). Le doy cinco camisetas diferentes y me dice que yo las tengo que lavar.

Entonces entro a un cuarto inmenso. Regaderas altísimas dejan caer una lluvia constante en un cuarto a mi derecha y enfrente de mí cae desde una especie de cueva en el techo un chorro grueso y grande de agua y al fondo un pasillo que doblaba a la izquierda. M. estaba ahí, me pongo a jugar con ella y la termino mojando completamente en una de las regaderas, luego se despide y se va. voy poniendo mi ropa en una lavadora que estaba alado del chorro, y aprovecho para poner también la que traigo puesta, menos la interior. Me dirijo entonces a recorrer el pasillo que tenía el chorro como puerta y al doblar la esquina me topo con la sorpresa de que está plagado con gente conocida, en un cuarto que asemeja a una cueva subterránea y que tiene una alberca en el centro, que yo sabía era parte de una lavadora gigantesca y de hecho en el techo se podía ver tubería transparente con agua corriendo a través de ella. Me acerco a Y. y le pido una toalla, no tiene, pero algo platico con él. Me acerco a L. que tiene una alado de él, pero no era suya y estaba mojada. En la alberca se encontraba M. vestido con un pantalón, chaqueta y gorra deportivos de color negro. En la orilla se encontraba acostada C. y por alguna razón me dio la urgencia de ir a taparle la nariz, pero en lo que iba llegando una amiga suya me ganó la idea. Entonces pasó alado mío una señora (¿o joven?) con la espalda jorobada a medias, la cabeza muy enfrente del centro del cuello y una cara de boba. Entro por una puerta de vidrio y desapareció. Pensé en que iba a cumplir con su labor eclesial y que me tenía que proponer nunca terminar así.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Me mataron

Iba saliendo de una casa en la cual había terminado de tener una fiesta. Al parecer era el último en irme, porque la señora madre del anfitrión (Hernán) había pedido que me fuera ya, que ya era muy tarde, al mismo tiempo que yo le decía también a Alejandro del otro lado del teléfono lo mismo, que de hecho ya me estaban corriendo y tampoco iba a tener permiso de ir a donde él estaba.
Tomé unas botanas muy de mi agrado antes de salir y me encaminé hacia mi camioneta, cuando me doy cuenta que alrededor de ella había un grupo de chavos platicando, con uno de ellos intentando abrirla a la mala (cuando cualquiera que me conoce mas o menos bien sabe que mi camioneta siempre está abierta) . Me acerco y se hace para atrás, pero de inmediato se le quita el primer susto y me voltea a ver con una mirada amenazadora. Volteo al otro lado y está otro chavo mirando de la misma manera. Cuando volteo al primero trae un cuchillo de cocina en la mano. Cuando quiero voltear hacia el segundo este ya me ha agarrado del cuello y sostenido un aparato extraño que activó y que me hizo caer inmediatamente hasta el suelo al mismo tiempo que me decía que lo sentía, que no era personal y el primero me atravesaba el costado en un movimiento rápido y frío.

Entonces llega un taxi disfrazado de patrulla en el que Gerardo y Eduardo se estacionaron cerca de mí. Se bajan, me ven y los empiezan a perseguir empedernidamente. Pero yo ahí me quedo. Tirado. Chueco. Solo. Frío.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hoy soñé que iba bajando por la ruta que me llevaría de mi casa a la parada de algún camión particular. No estoy seguro de que fuera mi intención tomarlo, pero si de que bajaba. Vi entonces una imagen en la que tres personas, una de las cuales era yo, otra un presbítero vestido de civil y otra cuya cara no recuerdo estuvimos platicando. El presbítero intentó despedirse de mi con un gesto de manos como el que hacen los jóvenes de hoy, pero no sé si por mi culpa o por la suya, erramos dos o tres veces el contacto deseado para luego desistir. Seguí mi camino en picada. Lo próximo que vi fue una escena de dos jóvenes bellas que jugaban un juego desconocido sentadas en un piso de concreto regularmente destinado para el deporte. En eso voltearon a verme mientras yo subía y bajaba flotando tranquilamente sobre una ola gigantesca que precedía a un ondulado manto aquífero de aguas cristalinamente azules. Se rieron de la manera en que subía y bajaba casi hipnoticamente y pasé por encima de ellas, sin lastimarlas claro. En una de las bajadas me hundí y por un momento me faltó el aire así que salí apresurado a tomarlo, lo que causó que ellas se rieran más. Entonces me reí y seguí mi camino de subir y bajar, dejándolas atrás.

lunes, 24 de agosto de 2009

...a lo que iba antes de divagar en blogs ajenos (por cierto muy interesantes)

Hoy me sacaron sangre simplemente para hacer unas pruebas y posteriormente donar sangre. El caso es que estando sentado en el primer piquete, intentando que mi cabeza produjera un pensamiento obsceno (fuera de escena), pasó por segunda vez: mi pensamiento se hizo cada vez más nítido, vivo, real. Luego los colores se entremezclaron y lo que en un principio era solo una imagen se convirtió en una serie de acontecimientos relacionados pero distantes entre sí. Una secuencia de penas y alegrías, de desesperos, desengaños y desmadres, de recuerdos y proyecciones, de añoranza y esperanza. Y como si hubiera pasado una eternidad a la vez de un instante se mezcló en el sueño un tipejo de bata blanca diciéndome (¿ordenándome?) que respirara profundamente.

No tengo fobia a que me saquen sangre ni mucho menos, pero es la segunda vez que me desmayo y necesito saber el por qué. La hipótesis principal es que hay una sugestión extraña en algún lugar de mi cuerpo, pero es más probable que sea algo más místico e interesante.

)2.

sábado, 28 de marzo de 2009

Ardilla

Estaba en mi oficina (Arriba del borrego, tercera mesa a la derecha), cuando de pronto una ardilla que va corriendo por el barandal se para a dos metros de mí. Levantóse como suelen hacerlo y me miró fijamente. Las ardillas no hablan a menos a que se les pregunte algo (como todo mundo sabe), por eso se me hizo extraño que esta se parara tan quitada de la pena y me mirara con esos ojos. Eran ojos que inspiraban confianza así que me aventuré.

- ¿te puedo ayudar en algo?

- No, para eso estoy yo aquí

- Pero yo no necesito ayuda

- ¿Seguro? Me dijo un pajarito que te habías salido del camino.

- Pájaros chismosos. Es correcto, ando medio pérdido pero ¿cómo me puedes ayudar?

- No sé, solo traigo un mensaje

Debí suponerlo, las ardillas no sirven para otra cosa. El mensaje me lo entregó por escrito en un papel semi arrugado y lo pongo a continuación:

Por decreto real del Padre se te informa que la mayoría de tus encargos y responsabilidades peligran debido a tu descuido en el ámbito educativo/estudiantil. Se te solicita especial atención en ese aspecto ipso facto con la advertencia de que de no cumplir con la encomienda que se te ha dado se te desobligará de todas tus otras ocupaciones hasta que el error sea corregido

Ahora bien, eso fue claro.

)2.

viernes, 27 de marzo de 2009

Otra camioneta

- ¡Pero se va a caer tito!

- No se cae, ya súbete

Íbanos en la cajuela de una pick up gris rusticona por no decir vieja. No avanzamos ni 3 cuadras y por alguna razón (no la recuerdo) ya me había pasado a la cabina de adelante. Grita alguien:

- Ladrones!

Veo venir hacia nosotros 3 hombres cargando bolsas de plástico y aspecto mediterráneo. Uno se para justo enfrente de la ventana en la que estoy, me apunta con su revolver.

Alcanzo a levantar la mano, que inmediatamente veo sangrar violentamente, el vidrio estaba roto. Entonces me doy cuenta que mi cara se siente fría y vacía y que toda mi camiseta está empapada. Me acuesto y sólo escucho un líquido chorrear, como una llave abierta.

martes, 11 de noviembre de 2008

Era una fiesta. Una fiesta muy peculiar pues hasta el Papa estaba invitado, y de hecho todos esperaban su llegada. Alguien preguntó que si no se vería raro el papamóvil afuera de mi casa, sseguramente si. Había un cardenal jóven parado en un sillón cuyo respaldo lo rebasaba en altura y un obispo viejo, moreno y canoso con nariz grande sentado con la vista fija en el vacío. Un hermano de nacionalidad mexicana, apellido árabe y residencia española que estaba vestido de camisa polo color azul se levantó del sillón en el que estaba sentado alado de mí y se fue supongo que a madrear gente. Mi tío Pato con su espectacular tamaño no faltó con su pomo de whisky importado de la mejor calidad (Jack Daniels Green Label que hasta ahorita me acabo de enterar de que de verdad existe) y me sugirió como de costumbre que tomara un trago.

Subí a tomarme el trago, ya que por alguna razón no lo dejó con el resto de los invitados y aproveché para darle un vistazo a la computadora con la intención de después de eso darme un baño, no se por que pero estaba muy sudado y creo que hasta olía mal. En el messenger aparecía andilu conectada pero indicaba que no se encontraba ahí sino dormida, raro en ella. Mientras veía eso, atrás de mí se oyó la voz de una amiga extrañada. Estaba con alguien, un amigo supongo, de alguna manera intentando resolver un problema contable y me pide ayuda. Le ayudo en lo que puedo y se va al cuarto de mi hermana con un "nos vemos luego". Me meto a bañar y saliendo voy al cuarto de mi hermana, pues quiero hablar con mi amiga. Estaba maquillada estilo la princesa mononoke y con trenzas. Después de algún rato intentando sacar plática me dice que tenemos que hablar.

- ¿Pero cuando?

- Después de misiones

jueves, 30 de octubre de 2008

Estaba por un camino terregoso caminando con mi brazo completo al fin. Las botas hacen sonar cada paso e intento que lo hagan lo menos posible. Voy por la orilla del camino intentando esconder mi cuerpo con la maleza.

Hay un venado bebé recostado sobre el tronco de un árbol que ha sido talado por leñadores (el árbol no el venado). Al verme corre y al yo seguirlo me encuentro con su mamá. Ambos corren hacia el bosque tupido (¿así se llamaba el bosque?) y desaparecen. Me siento sobre el frío suelo en espera del macho que pueda estar por ahí.

En eso se atraviesa una creatura gatuna salvaje de un tamaño impresionante. Volteo a ver al animal y me contesta con una mirada fija y penetrante. Bajo la bala, apunto y veo impresionado como un conejo aún más grande que el gato se coloca algunos metros atrás (del gato no de mí).

Lo bueno es que mi tío me la hizo fácil cuando desesperado por mi tardanza va a buscarme en su camioneta negra y ambos animales huyen despavoridos.

martes, 21 de octubre de 2008

Manejaba en dirección indefinida cuando veo dos mujeres (¿niñas?) en la orilla del camino. Una está vestida casual y la otra de vestido negro y un velo cubre su cara. Llora y la primera la consuela. Al ir con ellas doyme cuenta que ha muerto la madre de su madre. ¿Por qué no lo sabía? El funeral era tipo gringo y había un montón de caras indistintas pero conocidas. La gente platicaba cual reunión social, nótese el señor (¿o jóven?) de traje gris con la copa en la mano. Las paredes blancas con acabados de madera al raz del suelo. Un ataúd en medio de todos y una columna estorbando la mitad de la vista de la escena. El murmullo de muchas conversaciones y una niña (¿mujer?) siendo consolada por su amiga y su amigo parado a un lado incapaz de reaccionar de manera correcta.

domingo, 19 de octubre de 2008

Un carro (rojo) y una pendiente. Curvas y velocidad. Acelera y él (que va de copiloto) tiene miedo. Curvas y curvas interminables en un camino de terrazería. Una sierra sobre la que va el pequeño carro dejándo una estela de polvo café a su paso. Árboles alrededor y cuando la cherokee (roja) manejada por ella pasa en sentido contrario, viene la calma.