Mostrando las entradas con la etiqueta "El camino". Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta "El camino". Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de octubre de 2009

Desafase, eventos aislados y lo que sigue

Debo confesar que en los últimos momentos he estado meditando sobre toda esta historia del camino, en particular en lo que se refiere al fresno. Y hay varias cosas que en este momento no cuadran en mi memoria (infeliz limitación humana). Es muy probable que todo lo anteriormente descrito esté mal ubicado temporalmente, sin embargo para mi lector debe de ser más que comprensible sabiendo que lo importante en esto es la situación espiritual que se vivió en la fraternidad así como los hechos que la propiciarón y algunos otros que me parece interesante recordar. Por lo tanto queda en segundo o tercer término la cronología como tal y vamos a partir del supuesto de que es correcta para fines prácticos.

Algunos de los hechos que no pude plasmar por su auscencia temporal fueron: Un visiteo que estoy seguro que tuve con Ale, cuando ya se sentía mal pero antes de que se fuera. Una buena platicada bajo la luz de la luna y las estrellas sobre el techo del lugar en el que estábamos. La celebración del Jueves Santo, de la cual no recuerdo practicamente nada, ni lavatorio de pies ni ninguno de los signos que la acompañan (como dato cultural histórico en ese entonces no se acostumbraba en el DIEC la representación de compartir los panes benditos ni la velada perpetua de oración). Es también probable que dentro de dicho desfase realmente la celebración privada que tuvimos fuese en jueves y no en miércoles como dije en la entrada anterior, pero no cuadraría con el hecho de que Ale estaba ahí cuando granizó y que precisamente esa fue la razón de que la celebración fuera privada.

Otro momento que no recuerdo cuado sucedió fue el de Chayo trayendo el Santísimo desde la capilla. Fue sólo y de noche, y regresando me contó sobre unos perros que estaban ladre y ladre, y sólo cuando pasó el Señor enfrente de ellos se callaron y se quedaron contemplativos, si es que un perro puede contemplar.

Estoy casi seguro que el jueves por la noche tuvimos una oración en la capilla con las luces apagadas y un padre nuestro en un pequeño círculo alrededor del sagrario que por alguna razón tengo bastante presente. También el jueves recuerdo haberme preocupado bastante por el viacrusis del día siguiente, a lo cual chayo solo me tranquilizaba diciendo que todo iba a salir bien con el favor de Dios.

En fin, proseguiré en la siguiente entrada a partir de la mañana del viernes santo si no tiene ningún inconveniente mi lector, para la cual parece tengo recuerdos un poco más vívidos.

Un Dios vivo

Como decía, llegó la noche en algún punto y nuestros guías decidieron ponernos una dinámica. Una reflexión simple en la que nos vendaron los ojos y llevaron caminando agarrados de una cuerda dando algunas vueltas. Finalmente nos hicieron entrar en el cuarto y que nos sentaramos. Siguió hablando Chayo y en cierto momento noté una sensación peculiar. No sabía cómo, no sabía por qué ni donde, pero sabía, y no por deducción, sino por otro sentimiento que no puedo describir, la presencia viva, real, verdadera y poderosa del Santísimo Sacramento. Probablemente sea la primera vez que haya sentido esto, y si mi lector lo ha sentido sabe perfectamente de lo que estoy hablando. Finalmente Chayo nos invitó a destaparnos los ojos, yo no lo hice. Por alguna razón preferí dejarme la venda en los ojos, quizá sintiendo que una vez conocida la prescencia del Señor, todo lo que los demás sentidos pudieran decirme era irrelevante. O quizá simplemente así me concentraría mejor, no lo sé.

Se va terminando la hora santa. En algún punto se oye desde la grabadora una voz argentina reflexionando. En eso empieza esa canción tan especial que en lo personal (y creo que también para los demás de la frate) tuvo gran significado. La canción se llama "este camino" de Daniel Poli, y de ahí el nombre de muchas cosas.

Al terminar la oración, me tocó a mí dirigir un padre nuestro. Cual no sería mi sorpresa cuando me dí cuenta que me brinque una parte muy grande, recé mal algo que venía rezando por lo menos por más de 10 años. Finalmente se prendieron las luces y me di cuenta de algo. Llámele mi lector escéptico como le quiera llamar, pero frente el altar, justo en el centro y apenas debajo de donde estaba el Santísimo, se dibujaba con luz por medio de un juego de sombras una cruz perfecta. No lo podía creer, ya eran demasiadas muestras de la presencia de Dios. Si mi vida espiritual hasta ese momento se había compuesto totalmente de cumplir o "quedar bien", estaba ahora tomando un rumbo totalmente diferente. ¡Ahora empezaba a estar convencido de lo que siempre había creído!

Hubo otra cosa que hasta entonces noté, una auscencia. ¿Y Ale? No podía ser. Nuestros guías consideraron que lo más prudente era que se fuera, pues ya era demasiado el dolor que sentía. Mientras nosotros caminabamos vendados de los ojos, una ambulancia pasó por ella y la llevó por otro camino. Fue un golpe duro para la frate, tomando en cuenta que un misionero menos en un grupo de ocho se da mucho a notar.

Llegó la hora de dormir y dormimos.

domingo, 25 de octubre de 2009

Espiritualidad creciente

huitchilopotzli lalala!! hutchiloptzli laaa la la la la la!!

Quinto día de misión, si mal no recuerdo era miércoles. Ale no fue de visiteo por que se sentía muy mal, algún problema estomacal que ella decía era más o menos normal, pues le pasaba seguido. Esa mañana insistí mucho en ir a "El Molino", por el hecho de buscar que no se descuidara la evangelización de esos lugares y por el hecho de que nos habían mencionado que normalmente no les llegaban misioneros ahí. Por alguna razón entonces yo tomé esa responsabilidad como propia y propusé yo ir para allá, acompañado de Andrea puesto que ella conocía ya el camino y me podría guiar.

Después de caminar un poco más de lo que esperaba, vimos el mencionado cementerio a nuestra mano derecha. caminando un poco más, Andrea me enseña la vereda por la que habían entrado. Atravesamos unos pastizales amarillos y vimos un caballo café amarrado. Subiendo una pequeña colina nos encontramos con una pequeña casa de madera y techo de paja, casi de película. Estábamos a punto de gritar el típico "¡buenos días!" cuando vimos a un señor de mediana edad más adelante y fuimos a saludarlo. Le preguntamos por "El Molino", por que para esto Andrea no estaba muy segura de en donde estabamos y nos contestamos en él. Muy amablemente nos guió hasta su casa y Andrea ya reconoció el lugar. Resulta que a "El Molino" se le llamaba a la propiedad de la familia que vivía en ese ranchito. Tres o cuatro casas muy humildes, unas cuantas gallinas y mucho terreno.

Los abuelitos de la casa eran puro amor, e inmediatamente después de saber que llegamos dejaron sus labores y nos invitaron a pasar a la cocina. Nos ofrecieron café y una muy buena platicada. Y estoy hablando de una MUY buena platicada de varias horas. Llegó la hora de la comida y nos ofrecen sopa de carne. Una vez servido, nos vimos en la incomodidad de que no teníamos cubiertos, y en nuestra inexperiencia no teníamos ni idea de que hacer. - "Adelante, coman". Resultá que teníamos que comer directamente con la tortilla, no sé si mi lector lo ha intentado, pero suele ser bastante trabajoso. No me quejo, las tortillas eran echas a mano y estaban gruesas y deliciosas, y la sopa ni se diga, me atrevería a decir que ha sido de las mejores que he comido. Pero mi hambre no es infinita, ni mi estómago puede con tanto. Además, después de comer demasiadas tortillas para una sentada, me di cuenta de que Andrea no podía acabarse lo suyo, en verdad era mucho. Entonces en un discreto movimiento cambiamos platos y tuve que comer también lo de ella. Es verdad cuando dicen que por más que camines de misiones, terminas engordando.

Después de seguir platicando durante un rato (durante el cual la señora preparaba algo extraño para mi), llegó otro de los hijos: Don Telo. Este señor moreno de ojos verdes, sombrero y botas era (es) bastante especial en su manera de expresarse, muy alegre y cariñoso en general. Nos contó prácticamente toda su vida y después de un buen rato nos despedimos, pues ya se hacía tarde y seguramente los demás nos estarían esperando. Antes de irnos la señora nos dió un poco de aquello que estaba preparando: capirotada. En ese entonces no lo sabía, pero es un dulce típico que se prepara en semana santa y está hecho a base de pan, nuez, cacahuate, pasas, plátano, bombones y todo aquello que quepa en la imaginación y presupuesto de una señora. A muchos no les gusta por que se ve como vomitada de perro, a mi me encanta. En fin, salimos por un camino diferente al que entramos, y resultó que la veredita que tomamos entre ramas, cruzar el pastizal y subir la colina había sido totalmente innecesario, pues había una entrada bastante amplia hasta con letrero y todo que daba al mismo camino, solo que un poco más adelante. Algó que también me impactó bastante, y hasta la fecha tengo grabado, es la imágen de la entrada de esa casa. Es un terreno de cien metros cuadrados más o menos, con pasto muy fino y justo en el centro un árbol enorme. Me encanta la imágen por que este terreno está en medio de dos bosques tupidos y se ve como un claro en el que en el centro está el árbol más grande y majestuoso de todos, con sus ramas firmes y verdes alabando a Dios en todo su esplendor.

Ese visiteo, aun que fue de solamente una familia, fue bastante provechoso tanto para ellos como para nosotros. Y sobre todo alimento del alma. Llegamos al centro misionero y después de una buena platicada, ya más unidos a raíz de las experiencias de la hora santa y buenos visiteos, decidimos acostarnos un rato. Intentando ser fiel a la verdad y para que mi conciencia no me acuse de evitar detalles importantes deliberadamente, te comento mi lector lo que pasó después. El relajamiento y la confianza ya sembrada dio pie a que la frate se tomara ciertas libertades, como la de bromear o jugar más abiertamente. Y pues resulta que le hicimos bolita a alguien, creo que a Chayo, y estábamos unos arriba de otros. En eso se oye una pequeña voz decir algo así como "misioneros ¿no va a haber catequesis? Para nuestra sorpresa y vergüenza había dos niños en la puerta viendo todo. Enseguida nos paramos y salimos (¿salieron?) a jugar con ellos y demás actividades propias de la catequesis.

Recuerdo en esa catequesis haberme quedado adentro con Ale. No sé si por evitar la catequesis o alguna razón más noble como espero que así alla sido, si no, que Dios me perdone. Pero bueno, independientemente pasó algo bastante curioso. Creo haber mencionado que los días anteriores había cierto patrón climático: una mañana calurosa, catequesis medio mojada y celebración lluviosa con una noche seca y llena de nubes. Pues esta no fue la excepción, por el contrario, a la hora de la catequesis se vino un diluvio total, incluso con granizo. La gente se tuvo que meter al centro misionero y ahí Caro salvó la situación con un juego, "basta" al parecer. Después de algún tiempo y apenas cesó la lluvia, la gente se empezó a retirar.

Llegó la hora de la celebración de la palabra y no había un alma fuera de nosotros. Era por así decirlo "justificable" por la lluvia, pero no dejé de sentirme un poco mal por ello. Aún así, una vez empezada la celebración caí en la cuenta del momento tan especial en el que nos encontrabamos. Dios, en su infinita sabiduría, de alguna manera nos había puesto en esa situación para entregársenos de esa manera tan especial y privada. Terminamos la celebración y volvimos al centro misionero en un ambiento mucho más espiritual. No sé si a mi lector le diga algo la palabra, pero no se como más describirlo. Supongo que podría intentarlo diciendo que se vivía un ambiente de paz, tranquilidad y serenidad que sólo el amor de Dios en la eucaristía pueden dar, pero no ser acerca mucho a la verdadera sensación.

Para lo que sigue después requeriré otra entrada, por que amerita la suya propia y por que no vaya a ser que mi lector ya esté cansado y prefiera continuar estar historia en otro momento.

lunes, 29 de septiembre de 2008

El día en que la fé movió la montaña


Se imaginará el lector creyente la alegría que puede uno sentir al sentir el poder de Dios en su vida, sobre todo en mi caso que era una de las primeras veces que en verdad lo sentía. La historia de Chayo y Andrea trajeron a la frate una nueva ola de ánimo y esperanza a pesar de la poca respuesta del pueblo. A la hora de la catequesis ¡oh sorpresa! ¡llegaron dos niños del molino para escuchar lo que teniamos que decir! En verdad es algo de considerarse si pensamos que la distancia para llegar en verdad era mucho más larga de lo que parecía. En esta ocasión, si mal no recuerdo, se había invitado a las señoras a jugar a la chalupa y vinieron más que los días anteriores. Incluso fue un señor: el buen don César. También había más jóvenes y nos enteramos de un chavito que era evangelico ¡y estaba dispuesto a escuchar lo que teníamos que decir!

Una anécdota curiosa pasó ese día. En algún punto de la tarde estabamos jugando futbol con los chavos del pueblo, y de pronto me di cuenta que se me había caído la cruz que tenía colgada al cuello. Esa cruz que significaba mi envío misionero y inicio en ese apostolado. El campo estaba cubierto de maleza y parecía una tarea imposible buscar el pequeño crucifijo. Aún así lo busqué por más de media hora, hasta que Chayo me preguntó que estaba haciendo. Le platiqué la situación y su respuesta fue simplemente: "tu tranquilo, ten Fé". Entonces Chayo da dos o tres pasos, se agacha, y ante mi asombro levanta la pequeña cruz en su mano. Para el escéptico será suerte, para mí y espero que para cualquier creyente que lea esto, sepa que que la Fé de Chayo una vez más se demostró.

La hora de la celebración empieza a llover y van 3 o 4 personas. Increible que después de tener una catequesis tan llena, tuvieramos una celebración de la palabra, que es más importante, vacía. Teníamos la sensación de que todo iba bien cuando en realidad las señoras iban a la catequesis por la chalupa, los niños para jugar y los jóvenes por el fucho. Regresamos un poco desanimados, y en algún punto (no recuerdo si fue por que fuimos a casa de doña pau o simplemente ibamos regresando de la celebración y queríamos descansar) intentamos entrar a la cocina y estaba cerrada. No lo podíamos creer. El día estuvo impresionantemente lleno de altibajos y este era el colmo. Si mal no recuerdo, de alguna manera Castro tuvo la culpa, y no pude evitar sentir algo de rencor hacia ella por los problemas que ya había en la frate, creo que esto quizá ella ni siquiera lo sabe.

Le batallamos un rato. Todas las ventanas estaban cerradas y los niños se pusieron a ayudarnos. Finalmente conseguimos un martillo y no recuerdo como pero logramos abrir la puerta que estaba cerrada por dentro. En caso de que tenga alguien curiosidad, el letrero que trae Chayo dice: "prohibido cerrar".

Más tarde esa noche vimos que se acercaba un carro. Era Daniel en la frate movil. Realmente a estas alturas ya no sabía ni que esperar. Fuimos a saludarlo y viendo la situación de la frate y el pueblo, resolvieron tener una hora santa dirigida por Daniel. Quisiera poderla describir, pero realmente no puedo. Lo único que puedo recordar es que después de la velada se sintió más unión entre la frate y la sensación de que no estabamos solos.

Este día Ale empezó a quejarse de un malestar...

viernes, 19 de septiembre de 2008

Y Chayo habla:


(adaptación de las palabras de Chayo, apóstol de nuestro Señor Jesucristo por el amor de Padre y la gracia del Espíritu Santo y hermano mío en Cristo Jesús)

Fuimos de visiteo Andrea y yo como los días anteriores. De toda el área que nos tocaba visitar, tan sólo una señora nos abrió la puerta. Después de platicar un poco con la señora, nos menciona de unas casas que casi nunca son visitadas por los misioneros. El lugar se llama "el molino" y se encuentra "por este camino todo derecho". Decidí junto con Andrea aventarme la caminata. Imagínense ahora un camino de terracería. Como esos de las películas que se pierden en el horizonte. No había nada a la derecha y nada a la izquierda: solo camino. Después de un buen rato de andar, nos topamos con un caballo y su niño (¿o era al revés?) y le preguntamos por el molino. El niño quitado de la pena nos dijo: "¡¿el molino?! nembe todavía le cuelgan unos kilometros"

Nos desanimamos un poco pero seguimos caminando, el calor era impresionante y no había ni una sombra en donde descansar y además se nos había olvidado llevar agua. Después de un rato me acuerdo que vimos a nuestra derecha un cementerio. Mientras estaba viéndolo, sentí como el morral golpeaba contra mi pierna a cada paso. Decidí sacar la Biblia, que era lo único que traía y le dije a Andrea que la abriera para ver que nos decía el Señor. La primera frase que se leía al abrirla decía: "Sigan por este camino". La impresión en los dos no se dejó esperar y con ánimo renovado seguimos caminando más felices y con más amor.

Entonces poco a poco se fue acercando un árbol, él único alrededor que daba una sombra decente. Decidimos descansar ahí pero cuando nos acercamos vimos a un señor de sombrero y machete acostado a lado de su bicicleta. Preguntamos por el molino y cual sería nuestra sorpresa cuando nos contestó: "están en él". No se veía nada alrededor. Preguntamos por las casas y nos pidió que los siguieramos. Fuimos (nosotros caminando y el en bici) por una pequeña brecha que se abría por entre el monte. Después de un rato me empezé a preocupar por que el señor iba muy callado y traía un machete, además de que cada vez ibamos por caminos más metidos y dificiles, por lo que me puse adelante de Andrea.

Pronto descubrí que mis miedos eran infundados: llegamos a tres casitas muy humildes que pertenecían a una sola familia encabezada por un señor y una señora mayores. Alguien pensaría que tanto caminar para llegar a tres casitas es algo poco práctico. Pero la manera en la que nos recibieron fue algo para recordar. El agua de noria que probé, no sé como pero estaba más fría que si estuviera congelada y es el agua más rica que he probado en mi vida. Nos recibieron con un amor impresionante y aún teniendo muy poco, nos lo ofrecieron, y tuvimos un muy buen rato de plática con ellos. La efusividad y habilidad para platicar de Don Telo, un señor alto, de sombrero y botas, moreno y de ojos verdes, era algo impresionante. Las tres generaciones de la familia se notaban sedienta de Dios y increiblemente alegres de recibir a los misioneros y platicar con ellos.


La alegría que sentíamos cuando Chayo terminó de hablar no se puede expresar con palabras.

sábado, 30 de agosto de 2008

continuemos..


En que estabamos...

Ah si! mi primera catequesis fue algo decepcionante para mí. No había señores. Recuerdo perfectamente que empezó a chispear y que lalo nos visitó para ver que faltaba y en que nos podía ayudar. Termina la catequesis y es hora de la celebración de la palabra. Eramos una frate de 8 personas, de las cuales 5 era nuestra primera misión. Digamos que la celebración no salió como esperabamos. Había falta de organización, que se noto sobre todo en los cantos (a capela y desafinadísimos)y en la entrada y salida de los misioneros de la capilla. Aún así fue bastante gente (o al menos eso pensaba), lo que no consideré es que era domingo.

Así terminó el segundo día en el fresno. Después de una buena dinámica, y sintiendome realmente agotado por primera vez en mi vida nos fuimos a dormir. Después de un sueño increiblemente reponedor empezó una vez más el tamborileo de saludo al sol de los mexicas. Luego siguiendo con la canción de brazos de sol de Alejandro Filio y Silvio Rdz y luego "vete ya". Bonitos recuerdos. Hicimos nuestras actividades de la mañana, desayunamos juntos, y nos dispusimos a visitar las casas. Casi seguro que me tocó con castro.

El día se repitió en cuanto actividades, claro que en el fresno ningún día es igual (siquiera parecido) a otro. A la hora de la catequesis volvió a chispear, y una vez más no se veían señores por ningún lado. Opté entonces por visitar las casas en busca de señores, con éxito relativo ya que logré platicar con algunos, pero casi siempre apáticos. A la hora de la celebración la cantidad de gente bajo radicalmente. La frate cada vez se enfriaba más, ya no platicabamos en la noche.

Para el cuarto día ya se sentía tensión en el ambiente. Había pequeños "problemas" por estupideces como la comida, el orden en la celebración, etc. Nada grave, pero la tensión se debía mas que nada a la frustración que sentíamos antes la poca respuesta del pueblo. Cada vez iba menos gente a la catequesis y a la celebración. Y entonces empezó a actuar poco a poco el poder del Señor.

Esa mañana como de costumbre nos fuimos de visiteo. No me acuerdo con quien, pero recuerdo que llegamos algo tarde a comparación de los otros días. Ya estaban todos en la escuelita menos una bina: chayo y andrea. Como ya era tarde, supusimos que los habían invitado a comer en alguna casa y no nos preocupamos. Después de bastante rato (ya habíamos acabado de comer y estábamos descansando) llegan Chayo y Andrea sudados y agitados, pero con una sonrisota en la cara. - ¿Qué pasó? Y empieza la historia del buen Chayo:

jueves, 17 de enero de 2008

Siguiente parte


La sensación de estar por primera vez solo con mi frate era indescriptible. Sentía muchas cosas a la vez. Algo de extrañamiento, por decirlo así, al estar con gente prácticamente desconocida (unos más, otros menos). Paz, inexplicable paz. Cariño, que aun que no se compara con el verdadero amor que se cosechó al final de la misión, ya se sentía la semilla del preocuparse unos por otros.

El fresno es un pueblo mágico. Desde que llegué no pude evitar notar la cantidad tan impresionante de flores que se veían por todos lados. Animales (perros y gallinas más que nada) por todos lados.

Un amor convertido en persona nos recibió con las llaves de la capilla y la primaria y nos indicó el lugar donde la maestra había indicado que debíamos de dormir: la bodega de escobas. Después de entrar y ver el espacio de 6 x 6 (máximo) algo pasa en doña Paulina que se compadece de nosotros y diciéndonos que no quería que pasáramos frío nos abre también un salón de clases para que durmiéramos en él y la comida y material lo tuviéramos en la bodega. Se retira doña Pau dejando una invitación abierta para ir a pasar un rato en su casa más tarde. Finalmente terminamos de desempacar todo y rápidamente exploramos El Fresno a grandes rasgos para dibujar un mapa que por ahí lo debe de tener guardado Caro. La primera casa que visité fue la última de la que me despedí cuando se acabó la semana, en un día lluvioso. Todavía no puedo olvidar la cara de esa señora.

Ese mismo día en una de las entradas o salidas de la cocina (como de ahora en adelante llamaremos a la bodega) escucho una ruidos extraños en el techo. ¡Frate hay ratones en la cocina! Chayo y un servidor armados de palos de escoba le movemos un poco al techo.
-Se fueron para acá.
- No, para acá.
- ¡Están en la parte de afuera!
En eso salen volando de 1 a 10 murciélagos (mi memoria falla) asustando a una que otra dama de la frate y nos despreocupamos de que los ratones fueran a ser un problema serio...

Creo que yo tengo un problema serio, tengo que narrar más de un año de mi vida (desde misiones semana santa 2007 hasta el día de hoy) y muchas cosas se me han olvidado. Seguiré:

Esa noche había clásico, y fuimos invitados a verlo en casa de doña Pau, solo para toparnos con la sorpresa de que no lo estaban transmitiendo por televisión abierta. Aún así pasamos un buen rato mientras nos enseñaban a bailar un poquito de cumbia (para lo cual me declaro un inepto). Finalmente nos fuimos a dormir y con una buena platicada bajo las estrellas terminó el primer día en "el Fresno".

Después de entregarme a los brazos de Morfeo, en lo que pareció un instante, empiezo a percibir el ruido de tambores, después un silbido como de flauta, ¡qué pasa! después se oye una voz de hombre que empieza a cantar. Entonces me doy cuenta que ya se levantó la aurora de rosados dedos y Caro nos está despertando por primera vez con la canción de Huichilopotzli. Si mal no recuerdo la mañana estaba fresca.

Mi primer visiteo. Quisiera acordarme con detalles para comparar con mis últimos visiteosAl menos me parece que estaba entusiasmado, todo era nuevo para mí. Me parecía increíble el hecho de que te invitaran a comer con tanta facilidad y tanta entrega. Señoras invitándonos sin conocernos a sus casas, dejándo los quehaceres solo para platicar un ratito con nosotros y ver que teníamos que decir. En mi primer visiteo conocí a una de las personas más nobles y buenas que jamás he conocido: Doña Orfa. Es imposible olvidar la manera en la que nos trató a Anny (estoy 99% seguro que fue ella) y a mi en su casa. Comimos fideos con salsa de tomate, arroz y creo que mole. La casa era de dos cuartos (la cocina y el dormitorio), medio caída y recuerdo haberme pegado más de una vez con un tronco de madera que hacía de techo en la entrada. Su vajilla era de los más rudimentaria que se podía, y aún así doña Orfa no dejó de sonreír un sólo instante.

Hay otra persona que no puedo olvidar y estoy seguro que la conocí en el visiteo de ese día. Caminando y casi saliendo del fresno por el camino hacia "el molino" (del cuál comentaré más tarde) vimos mi compañera y yo (si, creo que era Anny, a lo mejor incluso ibamos tres) una pequeña casita. Lo primero que pensé fue: "nadie vive ahí". Lo que veía era lo siguiente. Un terreno de (más o menos) 50 x 50m, en el tercer cuadrante había una serie de palos de mezquite en posición vertical, sobre ellos había dos láminas de aluminio medio rojizas por el óxido y una tercera apoyada en la "pared". Había un árbol de flores de color lila/blanco y no pude evitar tomar una y guardarla en mi morral. Entonces veo a un señor con un sombrero a lado de la casa con una tina. Nuestra primer reacción fue preguntarle si podíamos pasar y si le ayudabamos en algo. En el fresno el agua llega cada tercer día, y ese día era, y nos dejó ayudarle a cargar cubetas llenas de agua para vaciarlas en un tambo que tenía en la parte posterior. Esa agua la usaba para todo, incluso para darle a un perrito que cuidaba.

Era un señor de pocas palabras, al principio incluso creí que no podía hablar, pero una vez que se hizo de confianza nos contó un poco de su vida y nos hizo pasar a su muy humilde hogar. Cuando vi el lugar por dentro no podía creer que alguien viviera ahí. En el techo se veían claros agujeros que inmediatamente me hicieron pensar en lo que pasaba cuando llovía. En una esquina había un poco de leña encendida que tenía encima una cacerola con frijoles hirviendo (su cena). Nos platicó que el trabajaba en la labor, entonces me acuerdo perfectamente haber pensado en como una persona que trabaja, y que seguramente lleva muchos años trabajando y no tiene a nadie a quien mantener pudiera vivir en tan míseras condiciones económicas.

A pesar de que la mañana comenzó fresca, para la hora de la comida ya hacía bastantito calor. Aún así teníamos que hacer un esfuerzo por pararnos de donde estábamos tirándola y preparar catequesis, celebración de la palabra, etc. Recuerdo como si fuera ayer mi primer día de catequesis. Por alguna extraña razón decidí catequizar señores. Imaginen mi sorpresa y mi decepción cuando llegó la hora y habían llegado niños, jóvenes y señoras pero a los señores no se les veía por ningún lado...pendiente

martes, 15 de enero de 2008

La tercera no es la vencida


Después de leer las primeras dos partes de esta cosa que para estar en el mismo canal llamamos "El camino" me doy cuenta de lo pobre que es mi lenguaje y la manera de expresarme. No por la complejidad de las palabras si no por la redacción en general. Vamos a ver que se puede hacer al respecto, aún así les pido que disculpen los errores de este humilde, más que escritor, cristiano. También aprovecho para pedir disculpas por tardarme tanto en escribir, casi creo que pasa más en tiempo real que lo que pasa en la historia. Karlita me regañará por olvidar detalles pero que le hacemos, mejor tarde que nunca ¿no? (¡Saludos mujer!)

En la entrada anterior me faltó mencionar el Domingo que fuimos varios del grupo de misiones (pocos en realidad) a una misa que ofició el obispo (ahora cardenal) de Monterrey pidiendo por todos los misioneros de la diócesis. Esto tiene importancia en el sentido que me marcó profundamente el hecho de ver por primera vez a más de mil jóvenes católicos reunidos y ser cautivado por la alegría que se respiraba en forma de cantos y bailes. En fin, terminé la vez pasada contando como justo antes de la misión nos empanicamos (¿está bien dicho?) y tuvimos que recurrir a ayuda externa a nuestra frate y a nuestro coordi. Aún así llegó el sábado y no estábamos mucho mejor. Lo peor de todo es que cometí el imperdonable error de no haberme confesado con anticipación. Segundos antes de que se dispusiera a iniciar la celebración el padre Vicente, osé pedirle que me administrara el sacramento (al fin y al cabo un sacerdote no puede negar la confesión) y recibí una muy buena regañada. No sé ni cómo pero acabe sentado con mi frate y una sonrisa con una camiseta del Diec puesta que me quedaba grande (¡Gracias Chayo!). Al final de la celebración se nos entregó una cruz a cada quien y eran nuestros papás quienes nos la colgaban. La mía no entró (¡El hilo estaba corto no tengo la cabeza grande!) y tuve que deshacer el nudo, hecho que tuvo inimaginables repercusiones en un futuro.

Salimos de la parroquia todos felices y contentos y ¡oh, sorpresa! no había camiones. Después de maldecir un buen rato a la "ley de murphy" llegaron por fin un camión y una redila si mi memoria no me falla. Adentró del camión existía un ambiente ameno, de grandes expectativas y ansiedad por lo que había de venir. Mi primera impresión de los pueblo de Linares fue cuando varias amigas se bajaron en el primer pueblo (el troncón si no me equivoco) y saludaron a viejas conocidas de otra misión en otro contexto y otra vida de la que yo no era parte aún. Lo más impresionante fue ver sus caras cuando se volvieron a subir al camión y estaban llorando. Lágrimas alegres saltaban de emoción por sus caras y jugaban entre ellas (me pase, no dije eso favor de ignorarlo y seguir leyendo) por aquel reencuentro tan esperado y a la vez inesperado (repentino). En mi mente solo se leía: "Eso nunca me va a pasar a mí".

Importante factor fue el hecho de que ese sábado se llevaría acabo el clásico regiomontano de fútbol, lo cual nos motivó (a los hombres más que nada) para desempacar en cada pueblo las maletas y comida en una velocidad récord y como consecuencia lógica la última frate terminó con cosas que no eran de ellos y que más tarde la frate móvil (Daniel y Omar) tuvo que devolver a sus respectivos dueños. (creo recordar algo sobre la maleta de Karlita en el fresno). El orden de descarga no se me olvida (espero): El troncón bajó primero en la capilla y el pueblo los recibió, frate amarilla. Siguieron los del pueblo de San Rafael, frate roja. Cada vez agarrábamos más velocidad y era más rápida la descarga, en cada pueblo había despedidas emotivas. Antes de que me diera cuenta ya estaba con mi maleta en una mano, la otra tocando la cruz de mi cuello y el morral colgado sobre el hombro viendo como se alejaba el camión con la frate verde rumbo a San Francisco (Pancho).

Apéndice: La importancia de narrar un camino el cual todavía estoy lejos de terminar es tal que diga lo que diga y por más mal que escriba y por mucho que me tarde en hacerlo no debilitará su contenido a pesar de que carezca de lujo de detalles. Cada quien tenemos nuestro camino y en ocasiones cruza con el de los demás e incluso llegamos a recorrer parte de nuestro trayecto acompañados por personas invaluables. Tienes que saber desde ahorita mi muy amado lector que si estás leyendo esto es por que eres parte de este camino. Y no sé tú, pero yo muero por saber en donde termina.

domingo, 28 de octubre de 2007

La (no) tan esperada segunda parte del camino!


Sabrán mis cuatro lectores que ha pasado demasiado tiempo de una entrada a otra. No es el propósito de esta entrada dar el por qué, pero en resumen fue por que no me dí el tiempo (siempre tenía la excusa de falta de tiempo e iluminación por decirlo así). Pero bueno había que seguir.

Estábamos en febrero, acabó una jornada y para entonces yo era más constante en las juntas de los jueves. Ya habían comenzado las juntas de misiones de semana santa en la nati. No me pregunten que fue lo que me motivó a ir, porque ni yo lo sé, sólo sé que hubo muchas llamadas aunque la mayoría fueron astutamente evitadas por mí, pero finalmente me caí del caballo, y decidí ir a la primera junta. Domingo a las 10 de la mañana, llego esperando ver mucha gente (después de todo mucha gente se va de misiones). El total de la junta eramos 8-10 personas contando a los guías. ¿Esto es una junta de misiones? ¿Me levante a las 10 de la mañana para que luego haya gente que tenga la confianza de no ir a las juntas para que luego de todos modos los dejen ir? ¡Además todo esto es una estupidez!, ¿escribir yo en un rota folio la razón por la que me quiero ir de misiones? !Qué ellos me la digan yo como voy a saber que hago aquí!

Más o menos así pensaba en esos instantes. Entonces tome la "sabia" decisión de faltar ya no me acuerdo si a las siguientes 2 o 3 juntas, (luego me dí cuenta que muchas cosas que después no sabía ahí las tenía que haber aprendido) después supongo que pensé que ya era mucha flojera o algo por el estilo, la verdad no me acuerdo, pero ya fui al resto de las juntas. En resumen se puede decir que las juntas me sirvieron para darme una idea de lo que venía, claro que después me dí cuenta que mi idea estaba como a 100 años luz de la realidad.

Viene el retiro de misiones, que más que retiro es un día entero que te vas en este caso a una quinta y vives varias cosas. Para empezar: integración, prácticamente nos hicieron hablar con todos y cada una de las personas que fueron al retiro, que habíamos visto en juntas pero ni esperanzas de hablar con todos. Comemos (aun que no lo parezca es necesario) y tenemos una dinámica acerca de la pasión y muerte de Jesús. Acabamos y nos dicen lo que tanto hemos esperado por más de un mes: vayan a buscar las bolitas de unicel que están en todo el rancho, cada bolita tiene un nombre y un color, ¡el color que les toque es el de su frate!

Bueno pues ahí nos ven a todos buscando por todos lados. Encuentro mi bolita, color celeste, volteo y veo a Caro y a Chayo con un cartelón que decía en letras grandes y también de color celeste: ¡Frate Aqua! Voy con ellos y todo indica que era Ale la que estaba ahí también antes que yo, claro que en ese entonces era una desconocida para mí. Se acerca más gente: un tal Paco (decían los rumores que era una verga, pero yo no lo creí), una güerita que se hacía llamar Andrea, la famosísima Gabby Castro, y Anny, que ya había platicado con ella en el camión (Anny fue la penúltima de todos en encontrar su bolita). Cabe mencionar el hecho de que yayo fue el último de todo misiones en encontrar su bolita por mucho y necesito ayuda para encontrarla (¡Saludos carnalazo!). En ese entonces no estaba del todo emocionadísimo con mi frate, cosa que no puedo justificar si no es diciendo que después me dí cuenta del error en el que estaba. Creo que mucho de esto se debe a que en ese instante aunque no lo crean no estaba del todo convencido de que era a lo que iba (todavía existía en mi mente la vaga idea del simple alejamiento de monterrey y las preocupaciones diarias para descansar).

Entonces nos alejamos de los demás hacia una roca que estaba en medio del zacate y nos ponemos a platicar un poco. Los guias, Chayo y Caro, nos piden nuestros "mails" y teléfonos y entonces que hiciéramos entre todos una porra de la frate (si, así como se oye). Después de muchas propuestas, unas más buenas que otras, nos decidimos por algo más o menos así:

Dirigente: ¡Yo soy!
Todos: ¿Quién?
Dirigente: ¡De la frate aqua!
Todos: ¡Que si, que no, de la frate aqua!

Dirigente: ¡Yo soy!
Todos: ¿Quién?
Dirigente: ¡Un misionero!
Todos: ¡Que si, que no, soy un misionero!

Dirigente: ¡Yo voy!
Todos: ¿A dónde?
Dirigente: ¡Yo me voy al fresno!
Todos: ¡Que si, que no, yo me voy al fresno!

Dirigente: ¡Yo voy!
Todos: ¿A qué?
Dirigente: ¡A llevar a Cristo!
Todos: ¡Que si, que no, a llevar a Cristo!

Y por lo general acabábamos juntando las manos diciendo: ¡1, 2, AQUA!

¡Era divertido aunque no parezca! Bueno terminamos con esto y hubo una especie de descanso, nos pusimos a jugar con una pelota de fútbol, lo que lógicamente terminó en un mini torneo intra-frates (que prefiero omitir como nos fue si me permiten). Después tuvimos una plática con un misionero de corazón. Nos cuenta este tipo como en su primera misión (creo recordar que fue en durango) se encariña mucho con un niño y una niña, y a la niña le deja sus lentes de sol. Regresa el misionero 3 o 4 años después y se lleva la sorpresa de que es reconocido y la alegría de que la niña conserva sus lentes y el niño, que ya trabaja, lo recibe con gozo. Después de esta anécdota nos cuenta un poco de lo que es ser un misionero y terminamos con una hora santa. De esta hora santa puedo recordar sobre todo la canción "Saliendo del pretorio" cantada por Ivonne (voz privilegiada, actual directora del DIP). Recuerdo el impacto que tuvo en mí esta canción que narra como Jesús es maltratado y aún así pide misericordia hacia nosotros. No puedo describir lo que sentí con claridad en parte por que no lo recuerdo, lo que si se me quedó bien grabado es que cada 3 o 4 palabras se me ponía "chinita" la piel. Terminando el retiro me encontré sorprendido por una sensación de alegría.

En las siguientes juntas ya conviviendo más con la frate nos dimos cuenta de que no sabíamos absolutamente nada. Me pidieron que fuera guardián del santísimo y ministro extraordinario de la comunión. - ¿Qué es eso? - Tú no te preocupes, luego va a haber cursos. Queda grabada en la memoria de todos la primera junta como frate en casa de Chayo donde vimos todo acerca del viacrusis y pedimos pizza. A pesar de haber tenido 2 o 3 juntas de frate para discutir cosas como los disfraces del viacrusis y quien iba a dar cada platica, no les miento si les digo que faltaba menos de una semana de la misión y lo que sabía (voy al fresno, a mí me toca dar catequesis a adultos, soy ministro extraordinario, no debo de aceptar cigarros ni bebida, debo mostrarme alegre y dispuesto) era mucho menos que lo que ignoraba (¿Qué es una catequesis, ¿qué es un "visiteo"?, ¿qué temas vamos a dar? ¿qué son "binas" y "trinas"?). Esto nos empezó a preocupar a la frate ya que Chayo era inlocalizable, y se entiende. Sin embargo optamos por hablar con Lalo (malamente) y la verdad es que nos tiró un parote un memorable día después de una boteada en Gómez Morín, explicándonos el montón de cosas básicas que no sabíamos en el Starbucks de cumbres, complementado más tarde con Caro y su laptop (¡Saludos Madre!).

(todavía falta, y mucho)

domingo, 19 de agosto de 2007

El camino (primera parte)

Yo Ramiro Alonso Cepeda Gil, me siento dichoso y orgulloso de decir que acabo de vivir uno de los fines de semana que quizá me haya marcado para siempre, o al menos por una buena parte de mi vida futura.
Para ubicarnos en el contexto: Yo entré a formar parte de un grupo llamado Diec (Desarrollo Integral En Cristo) por medio de un retiro especialmente diseñado para raza de prepa(llamado Mystery Nights), el cual se llevó a cabo en Octubre del 2006, fui invitado por dos amigas muy queridas. El retiro estuvo de lo mejor, y me llamaba mucho la atención la manera de trabajar de estas personas. Para mí eran nuevas ciertas cosas como por ejemplo dinámicas de integración que en el liceo estamos predispuestos a ver como "estúpidas" demostraron ser en una gran medida efectivas. Hay un elemento sorpresa que se mantiene a lo largo del retiro pues nunca sabes lo que sigue (Hasta te llegas a desesperar por la frase: "Vive el momento"), sorprendiéndote con dinámicas impresionántemente simples y a la vez efectivas. Por motivos de confidencialidad del retiro no se me está permitido dar muchos detalles acerca de este retiro, sin embargo si puedo mencionar el hecho de que viví mi primera hora santa meditada, enfrente del Santísimo, de toda mi vida y fue algo que realmente me impactó (junto con muchas otras cosas a lo largo del retiro) y quizá fue en ese entonces donde se encendió una microscópica lengua de fuego aún invisible en mi corazón, pero aún así me inquietaba.

En fin después del retiro fui invitado a "juntas" que más bien son pláticas de diversos temas ya sea de teología, apologética, ética religiosa o temas actuales. Aun que me gustaba ir a las juntas la mera verdad es que nunca fui muy constante que digamos. Llega navidad, algunas personas me menciona como quien no queriendo y de pasada algo sobre unas misiones de navidad, lo cual no me llamó ni en lo más mínimo la atención y respondía al que me llegara a invitar de misiones: "hace mucho frío" "no me late" "no creo que sea mi forma favorita de evangelizar (Cosa que luego comprobé absolutamente falso)". Seguí entonces con mi apostolado se puede decir que tibio, mediocre o, por no ser tan crueles, falto de conocimiento de cual era el camino a seguir.

En febrero se lleva a cabo una jornada llamada "Una noche distinta", la cual cabe mencionar tuvo sus instantes bastante interesantes. Por ejemplo, antes de la jornada se llevo acabo un torneo entre todas las ramas del Diec, al cual no pude asistir por el trabajo con mi tío el sábado en la mañana (Sí, trabajo los fines de semana con el hermano de mi mamá que tiene un consultorio de medicina familiar). Entonces al terminar mi turno (alrededor de las 2 p.m.), me dirigí hacia el seminario donde se estaba llevando acabo el torneo. Pues por razones que sólo Dios sabe, sucede que una compañera se tropieza y siente mucho dolor en el pie. La ofrezco a llevarla con mi tío, quien le recomienda radiografías. Para este entonces sabíamos de una posible fractura y por lo tanto la imposibilidad de que participara de la jornada. Entiendame el lector que para poder comprender la gravedad del asunto hay que recalcar el hecho de que esta niña enserio se moría de ganas de vivir esta jornada.
La jornada en sí fue una experiencia muy padre. Llegamos la noche del jueves, empezando con unos ricos tamales para luego proceder a un rally muy interesante. En términos generales en cada estación te hacían reflexionar, un fantasma de un personaje bíblico que te contaba su historia y la mayoría de las veces se preguntaba sobre cierto aspecto de la vida en el 2007 (maneras de vestir, pudor, violencia, terrorismo, etc.) a lo cual te quedabas pensando muchas cosas. Terminamos con una hora santa muy emotiva, pues la mayoría de nosotros, creo yo, seguimos pensando en el hecho de que nuestra amiga estuviera en Monterrey con el pie roto y nosotros ahí, concluimos que hay planes de Dios que no podemos llegar a comprender en su momento. Después de la hora santa sucedieron muchas cosas.
Jugamos cartas un rato, hubo tiempo para tocar la guitarra y cantar y pensar en la vida, después (como a las 4 a.m.) descubrimos que la camioneta de una de las formadores decidió que era el momento justo para hacernos saber que tenía una llanta ponchada. Fue un pancho para cambiar la llanta por que por razones desconocidas la llanta ponchada no cedía. Después de eso decidimos preparar café, que, aun que no había suficiente azúcar más que para una taza cada quien, terminamos por toarnos unas 4 por cabeza. Entre juegos de pañol y risas y pensamientos nos voló la noche. Dieron las 7 de la mañana en el reloj de la cafetera, y la mayoría (en realidad todos menos yo) decidieron acostarse ahí mismo a la interperie con unos sleeping bags para intentar visitar a morfeo aun que fuera por un par de horas.
He aquí donde podemos ver las consecuencias de una mente ociosa, pues había estado intentando con terquedad sacar las mañanitas de oído en la guitarra desde hacía dos horas, y para la hora en que se acostaron había triunfado (cosa que considero fue una proeza pues prácticamente era la segunda vez que agarraba una guitarra más o menos enserio). Bueno para esto, algunos de los que estaban ahí tenían que estar a la fuerza a las 10 a.m. en el regio para una junta de misiones, de lo contrario su ilusión por ser misioneros esa semana santa sería frustrada. Acabando de realizar mi proeza, mi ociosa mente se puso a trabajar maquinando un plan maligno. Mis ojos repararon en el reloj de la cafetera que marcaba las 7:01, recordé la situación de los del regio y el hecho de que estaban tan cansados que muy probablemente entrarían en un estado de sopor y somnolencia en cuestión de segundos después de haberse acostado. Me paro de la banca en la que estaba sentado, dejando la guitarra de lado e intentando hacer el menor ruido posible. Me dirijo hacia la cafetera. 7:01...8:01... 9:01...10:01. Retomo mi posición con la guitarra y digo:
- Pollo! We! ¿no se tenían que ir con daniel temprano para la junta de misiones?
(pollo se reincorpora y mira el reloj)
- ¡Ya son las diez!
(sobresalto general)
Gritan a Daniel, (que estaba dormido dentro de su Peugeot gris tranquilamente) y el los voltea a ver mientras le hacen señas poniendo el dedo índice en el reloj y con cara de preocupados. Daniel se limita a mostrarles el pulgar y se vuelve a acostar. En el momento en que me vieron tirado en el suelo revolcándome de la risa creo que empezaron a sospechar, e hicieron comentarios despectivos maldiciendo. No lo podían creer cuando les dije que habían dormido tan solo un minuto, incluso hubo quien llego a decir que sintió que durmió por lo menos una hora.
Lo que siguió de la mañana lo vivimos con cara de zombies y hubo quienes todavía reímos por comentarios y acciones de poco valor humorístico, (entiendase estupideces) muy probablemente por los todavía vigentes efectos farmaceuticos de la cafeína. También fue divertido despertar a las mujeres con una trompeta que traía Daniel. El hecho de que los hombres del grupo hayamos tomado la decisión de evitar dormir por toda la noche nos hizo vivir experiencias de fraternidad que en ningún otro lado ni momento hubiéramos podido.
Gran parte de la importancia de esta jornada radica en el hecho de que a partir de entonces mi relación con el grupo de juvenil en general creció y empecé a seguir con más continuidad a las juntas.

Continuará...

miércoles, 31 de enero de 2007

Misiones

Hay como que una serie de señales en el aire. Algunos ejemplos:

1ra llamada:

Un día cualquiera
Messenger de Ramiro
Paulina Celeste decide saludar de la nada

Pau: bonjour! como cava?
Ramiro: trois bien, e toi?
Pau: moi aussi, merci...heey! sabes que te convendría así de que un chorro!
Ramiro: que?
Pau: Irte de misiones!

2nda llamada:

Consultorio de tío doctor ateo
leyendo el periódico como cualquier otro sábado

Tío: oye, a ti no te da por irte de misiones? el regresar un poco de lo todo lo que se te ha dado a la comunidad?
Ramiro: no sé, lo he pensado
Tío: ¿Qué te detiene?

El joven se queda estupefacto ante el cuestionamiento de su tío (que hasta ahora había estado totalmente en contra de cualquier práctica religiosa)

3ra llamada

Misiones, misiones, misiones...es el tema de conversación en todos lados!!
momento de ayuda profesional

Ramiro: gabyta no sé que hacer, siento que algo me llama a que me vaya de misiones pero no me termino de convencer
Gabyta: veee no te vas a arrepentir!
Ramiro: es que no c...
Gabyta: vale la pena! aparte tienes dos semanas de vacas...

-------------------------------------------------------------------------------------------------
NO SE DIGA MÁS

Me voy de misiones en semana santa xD

PD. no sé por que Dios actúa así. Digo, es Dios, que le cuesta marcar a mi celular y decirme simplemente: Ramiro te necesito en misiones, ¿jalas? Y creanme que encantadísimo de la vida ni le dudaba. Pero bueno, Él tiene su manera de hacer las cosas, y no pudo elegir a mejores mensajeros.